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El edificio del Camagüey Tennis Club

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El edificio del Camagüey Tennis Club

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El inmueble que hoy se nombra Palacio de la Juventud, ubicado en los terrenos del parque urbano Casino Campestre, aún es recordado por las generaciones más longevas por haber sido originalmente la sede del emblemático Camagüey Tennis Club.

El Tenis, como coloquialmente se le llama, fue una institución deportiva y cultural, fundada en 1919 gracias al empeño de un grupo de jóvenes de las clases media y alta camagüeyanas, donde las mujeres tenían el protagonismo. El amor de estos entusiastas jóvenes por el tenis, así como por el deporte y la cultura en sentido general, junto a un arduo trabajo en la gestión de diversas actividades, hicieron de esta institución un importante referente no sólo como sociedad deportiva, sino también como sólido centro filantrópico y cultural de la ciudad y la región, lo que propició que ya en la década de 1940 fuese considerada una de las más prestigiosas de su tipo en toda Cuba[1].

A inicios de la década de 1950, las buenas condiciones económicas de la región propiciaron un boom constructivo que, aparejado a la consolidación del movimiento moderno en la isla, conllevó una renovación arquitectónica sin precedentes en la ciudad cabecera. Este contexto propició el cambio de la antigua casa club del Tenis por una nueva construcción, más acorde con la distinción alcanzada y sus nuevas necesidades.

Junta directiva del club elegida en enero de 1957.  
Fotografía: Joe Calderón, en cubierta de la Revista del Camagüey Tennis Club, marzo de 1957 (colaboración de Ariadna Ramos Loucraft).


El proyecto le fue encargado al arquitecto e ingeniero Roberto Douglas Navarrete, uno de los profesionales más prestigiosos de la ciudad que ya poseía un extenso trabajo, pues había transitado por diversos repertorios y estilos durante la primera mitad del siglo XX; mencionemos como ejemplo la residencia del antiguo administrador de los Ferrocarriles Consolidados de Cuba, Gustavo Pellón Acosta (1938)[2], en estilo neocolonial; la residencia Loret de Mola (1940)[3], en estilo art déco, y la remodelación de la Iglesia de la Caridad (1942)[4], en un tardío estilo neorrománico.

La nueva obra debía estar acorde a su tiempo. Se escogieron los códigos del estilo internacional, tendencia del movimiento moderno que, influenciada por el racionalismo[5] europeo, tuvo su mayor apogeo en las Américas en las décadas de 1930 y 1940, al ser  una corriente innovadora que sustituía al decorativista estilo art déco por una imagen “abstracta” que potenciaba a la “belleza” de la volumetría simple con paredes perfectamente lisas.

La expresión formal del edificio responde a los códigos del estilo internacional.  
Imagen tomada del periódico El Camagüeyano, 13 de marzo de 1956 (colaboración de Caridad Amador).


Se propuso una composición enmarcada en una geometría ortoédrica que se “fragmenta” en diversos planos visuales, delimitados por cortantes horizontales (aleros y portales) y verticales, para convertirse en áreas de muro liso, de enchape y de muros cortina (llamados de esta última forma los amplios paños de vidrio que van de piso a techo y abarcan grandes áreas de pared). Estas características de fuerte referente racionalista, si bien ya resultaban un poco pasadas de moda en una época donde en el mundo iban ganando mayor interés las formas angulosas de la estética neo-futurista impulsada por la Era Espacial, o las terminaciones rústicas o texturadas de la tendencia brutalista; en el caso de la sede del Tenis, inaugurada en diciembre de 1954, tales soluciones, al ofrecer una sobriedad formal deliberadamente contrastante con el paisaje adyacente, constituyeron una expresión vanguardista.

Su modernidad también se apreció en los interiores. Al partir de una estructuración funcional que potenciaba la libertad espacial, se lograron locales amplios y fluidos, desprovistos de apoyos intermedios, muy adecuados para permitir las concurridas actividades sociales. Tal característica es acentuada por los ya mencionados muros cortina, que permiten las visuales al exterior y de cierta manera vinculan los salones principales con el ambiente natural del parque.

Los pisos fueron famosos por su diseño y perfecto pulimento; en la imagen, el de damero, llamado el “tablero de ajedrez”. Los amplios paños de vidrio permitían amplias vistas del exterior.  
Fotografía: Joe Calderón, tomada del Directorio Social de Camagüey 1960 (colaboración de la familia Arango).

Fueron famosos sus pisos, hechos de terrazo, o granito artificial[6], con una impecable terminación. Dentro de estos resaltaba el del primer nivel, contiguo a la terraza, cuyo diseño en damero hizo que se llamara el “tablero de ajedrez”.

Como dato adicional, el abogado retirado Mario Santana me cuenta que siendo adolescente tuvo la experiencia de participar en la ejecución de estos pisos al ayudar a su cuñado, Guillermo Estrada Caballero, quien fungía como operario principal bajo el mando de la empresa subcontratista fundada por el italiano Geovanny De Marco, empresa que había trabajado en varios edificios importantes de la ciudad, como en la Escuela de Artes y Oficios, y que en esa época estaba dirigida por su hijo Mario De Marco. Santana recuerda unos pisos terminados con tal pulimento que parecían espejos al reflejar perfectamente todo su entorno, pero resultaban muy resbaladizos. Ante el peligro de caídas se les pidió a los ejecutores disminuir su acabado sumamente liso, aunque en broma también me comenta que otro de los motivos de dicho trabajo se debió al propósito de evitar las miradas fisgonas de los caballeros, quienes con tal perfecto reflejo no tenían impedimento para escudriñar los interiores de las faldas de las encopetadas jóvenes que asistían al club.

Proyecto de Casa para Artesanos, 1924, de Le Corbusier. En este dibujo se expone su idea de promenade architectural: la escalera en diagonal y la columna actúan como un punto tensional para convertirse en foco visual del espacio. Este recurso será repetido en varias obras del movimiento moderno, como fue el caso del Tenis.

Además de los pisos, llama la atención la muy bien hecha escalera helicoidal, cuya forma en espiral le aporta gran dinamismo, reforzado por los pasamanos de diseño lineal. Su soltura se enfrenta al predominio ortogonal de los muros, y dialoga con la columna cilíndrica, como si quisiera abrazarla, para crear un punto tensional que le confiere sustancial peso compositivo en el espacio y la convierte en un elemento estético muy interesante, actuando así como un foco visual que invita a acceder a la segunda planta.

Este recurso, basado en el aprovechamiento estético de los elementos constructivos para llamar la atención y servir como guía en las circulaciones, constituye otro de los significativos aportes del movimiento moderno. Fue denominado promenade architectural[7] por el famoso arquitecto suizo Le Corbusier, pues actúa como un recorrido visual que potencia el carácter plástico y ambiental de las formas interiores. Sus ideas sobre el tema servirían de referencia para disímiles soluciones por todo el mundo, y en este ejemplo camagüeyano llegaría de una manera muy bien lograda para constituir el elemento de mayor pregnancia del conjunto arquitectónico.

En el primer nivel la escalera helicoidal constituyó el punto focal. Ésta contrasta con la sobria ortogonalidad de las paredes, la cual se suavizó con arreglos vegetales de inspiración rococó.  
Fotografía: Joe Calderón, tomada del periódico El Camagüeyano, 13 de marzo de 1956 (colaboración de Caridad Amador).


Por conveniencia funcional, el modernísimo arreglo es mejor apreciado desde el acceso principal del inmueble, pudiéndose observar también desde el exterior gracias a la transparencia del muro cortina que compone dicho acceso, recurso también de avanzada que permitía revelar el interior del edificio y llamar la atención del transeúnte sobre las actividades que allí se realizaban.

La entrada del inmueble está conformada por un paño cortina que permite observar el interior desde la calle.
Imagen tomada de la Revista del Camagüey Tennis Club, abril de 1958 (colaboración de Ariadna Ramos Loucraft).


El diseño interior presentaba una apariencia más cercana a la usanza miamense. Asumía una elegancia figurativa “tropicalizada” que se puso de moda por la influencia de las polémicas obras del arquitecto Morris Lapidus, cuya estética llena de referencias rococó y Beaux Arts, crearon gran impacto en el interiorismo de la época, sobre todo después de diseñados los famosos hoteles Fontaineblue (1954) y Eden Roc (1955), en Miami Beach. Para el caso local, la decoración fue menos exuberante, más bien sutil, al igual que el uso del mobiliario, el cual respetaba la fluidez y libertad espacial.

Piscina de adultos vista desde el segundo nivel.
Imagen tomada de la Revista del Camagüey Tennis Club, abril de 1958 (colaboración de Ariadna Ramos Loucraft).
El club ofrecía un área de esparcimiento para los niños.  <% src:Imagen tomada de la Revista del Camagüey Tennis Club, marzo de 1957 (colaboración de Ariadna Ramos Loucraft).

La nueva obra estuvo acompañada por una piscina para adultos, ejecutada por la empresa camagüeyana Construcciones Gonzalo E. de Varona, S.A.[8], también encargada de la piscina del Country Club, y con el equipamiento técnico de Anderson Trading Company, con sede en La Habana. Tal suceso potenció exitosamente la natación como nueva actividad para el club, a tal punto que en 1956 fue necesario realizar otra destinada a los niños, la cual complementó el parque de juegos. Ambas piscinas, realizadas bajo estrictas normas de seguridad y saneamiento, ayudaron a incrementar la concurrencia de personas al lugar, para sorpresa de la directiva, según lo expresado en un artículo de su revista en 1957.

Evento de moda realizado en el verano de 1957.  
Imagen tomada de la Revista del Camagüey Tennis Club del mismo año (colaboración de Ariadna Ramos Loucraft).

La zona de piscina de adultos sirvió de escenario para certámenes de natación y para  diversas actividades, como los llamativos fashion shows.

Todo fue muy moderno en este inmueble. La alta calidad de ejecución de sus volúmenes, como solía suceder en las construcciones de la época, mostraba unas superficies exteriores e interiores impecablemente terminadas que formaban parte indisoluble de la belleza de su estilo arquitectónico. Sin embargo, también puede revelarnos un remanente de la tradición camagüeyana, al potenciar los salones espaciosos y al crear, en la parte trasera y directamente relacionada con el área de piscina de adultos, una confortable terraza, o portal, que permite el apacible descanso protegido del sol por un largo alero hecho de losa de hormigón armado.


Piscina de adultos vista desde el portal trasero del edificio.
Fotografía: Joe Calderón, tomada del Directorio Social de Camagüey 1960 (colaboración de la familia Arango).


Luego de 1959, la vocación inicial del inmueble es suprimida, pero no así su función recreativa. El uso “burgués” como club social fue trasladado hacia un sector distinto, para albergar por mucho tiempo una dependencia de la Sociedad de Educación Patriótica Militar, la SEPMI, nombre con el cual también muchos utilizan para referirse a este lugar en la actualidad.

Hasta nuestros días se ha mantenido como una de las instalaciones más significativas de la ciudad por ser el espacio donde han tenido lugar diversas actividades culturales y de entretenimiento que han marcado a varias generaciones a lo largo del tiempo. Su salón en el piso superior es recordado por ser el escenario de míticos momentos de diversión y baile, donde reinaba la música disco en los años 70; el brillo pop-dance-rock, en los 80; o el eurodance, mejor llamado “discoteca”, en los 90; mientras hoy en sus espacios es más demandado el polémico reguetón.

Asimismo, ha albergado diversas ferias y encuentros culturales y comerciales, muchas veces vinculados con las áreas exteriores del Casino Campestre, entre las que destacan Feria Internacional del Libro.

Lamentablemente, también es de notar que su arquitectura original no ha sido tratada con respeto a través de los años. Varias ampliaciones incorporadas como pastiche; la delimitación de sus áreas verdes con vallas que parecen trincheras; los colores dan una visualidad agresiva, acentuada en sus fachadas por el desgaste y la suciedad provocada por la intemperie y el mantenimiento deficiente; entre otras acciones, han ido en detrimento de aquella impecable imagen moderna.

Fachada trasera, con una larga terraza porticada con vista a la piscina de adultos.  
Fotografía: Joe Calderón, tomada de la cubierta de la Revista del Camagüey Tennis Club, año 2, nro.1, abril de 1958 (colaboración de Ariadna Ramos Loucraft).
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