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    El infeliz que la manera ignore
    De alzarse bien y caminar con brío,
    De una virgen celeste se enamore
    Y arda en su pecho el esplendor del mío.

    Beso, trabajo, entre sus brazos sueño,
    Su hogar alzado por mi mano; envidio
    Su fuerza a Dios, y, vivo en él, desdeño
    El torpe amor de Tíbulo y de Ovidio.

    Es tan bella mi Carmen, es tan bella,
    Que si el cielo la atmósfera vacía
    Dejase de su luz, dice una estrella
    Que en el alma de Carmen la hallaría.

    Y se acerca lo humano a lo divino
    Con semejanza tal cuando me besa
    Que en brazos de un espacio me reclino
    Que en los confines de otro mundo cesa.

    Tiene este amor las lánguidas blancuras
    De un lirio de San Juan, y una insensata
    Potencia de creación que en las alturas
    Mi fuerza mide y mi poder delata.

    Robusto amor, en sus entrañas lleva
    El germen de la fuerza y el del fuego
    Y griego en la beldad, odia y reprueba
    La veste indigna del amor del griego.

    Señora el alma de la ley terrena,
    Despierta, rima en noche solitaria,
    Estos versos de amor; versos de pena
    Rimó otra vez, se irguió la pasionaria

    De amor al fin; aunque la noche llegue
    A cerrar en sus pétalos la vida,
    No hay miedo ya de que en la sombra plegue
    Su tallo audaz la pasionaria erguida!

20 de mayo de 1876

Publicado originalmente en El Eco de Ambos Mundos, México, 23 de mayo de 1876. Tomado de la Edición Crítica, de las Obras Completas de José Martí (Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, t.15, pp.145-146.)

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