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A José Triana

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A José Triana

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     Le pusiste a Medea una falda de encaje.
     De Flora enderezaste el tacón jorobado.
     No hay rima de tu verso que no rompa y no raje
     ni estrofa en que no vuele un zunzún azorado.

     La distancia no existe. Abres una ventana,
     albergue de palomas huidizas, y en la nieve,
     serenas aparecen por un instante breve
     bajo un cielo morado las calles de La Habana.

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