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Carta a María Cabrales

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Carta a María Cabrales

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Alajuela, mayo 28 de 1898

Sra. María Vda. de Maceo.
La Mansión

Compatriota muy estimada:

Aunque a vuela pluma escribí a Ud. participándole haber recibido una carta orden del Sr. Romagosa, de Punta Arenas, para cobrar en nombre de Ud. 50 pesos B. B en casa de Hnos. de San José: ingresó en caja esa cantidad

Escasísimos son los fondos con que cuento ........ (sic) demasiado en esos, y, me ha dado vergüenza girarlos a las delegaciones. Con la noticia de la guerra entre España y los Estados Unidos, cundió entre los emigrados cubanos el falso concepto de que habían cesado sus obligaciones para con la tesorería del Partido. Espíritus ligeros a quienes arrebata el menor soplo, perdieron el equilibrio y se dieron a soñar desentendidos ya de todo deber serio. Nunca fue, a lo que puedo juzgar, muy sólido el patriotismo del grupo de cubanos que hay en San José; pero si alguna cohesión tenía, la ha perdido. Y lo peor la que aquellos que allí podían dirigir la opinión la extravían. Ya se cruzan de brazos y dicen: “Cuando volvamos para Cuba”. Ya un grupo de entusiastas de última hora grita que es necesario ir a la guerra y empiezan a buscar a estas horas, el dinero para pasaje; ya esos mismos inculpan a los Estados Unidos por que no han barrido todavía de la Isla a los españoles.

Yo estoy lleno de indignación y enfermo del alma. Momentos hay en que quisiera llamarles imbéciles y cobardes. ¿Qué haremos en Cuba libre con esta gente?

No alcanza a todos mi critica; algunos hay de puro corazón y de buen juicio; pero existen en la agrupación cubana de ese lugar muchas escorias.

En su día los acusaré ante el tribunal de la opinión pública y he de llamarlos con sus nombres y apellidos.

Desde luego que la Patria debe estar agradecida al Sr. Alsina que con un tacto exquisito escogió los individuos que debían formar el cuerpo del Consejo ......... (sic)

¡Ay amiga mía! Y cuando mi corazón que chorrea sangre ante la tumba de dos hijos interesantes y amables, sacrificados ante el altar de la patria en esta guerra, aun cree que ha dado poco a Cuba: si la vida toda consagrada a la causa de la libertad de mi tierra me parece poco, ¿qué pensaré y qué sentiré ante estos hombres que, como comparsa figuran con nosotros y se codean con nosotros y se llaman patriotas?

iQué mengua! Solo siento que el decoro y las conveniencias políticas me veden expulsarlos del templo en que se confunden con los verdaderos fieles; mas ha de llegarles su hora.

En un hombre del pueblo (Cañizares) y en otros pocos como él es en donde he encontrado los sentimientos más puros y la mayor capacidad de ser libres.

¿Por qué no la he tenido a Ud. a mi lado?

Hubiéramos opuesto nuestro fervor a la tibieza de los réprobos. ¡Oh! los odio más que al más fiero de los españoles. El traidor y el hipócrita son más despreciables que el enemigo natural.

Pero Ud. está muy callada para conmigo. ¿Por qué no me escribe?

Aquí estoy ejerciendo como médico; porque San José no me probaba; duro me ha sido cambiar de residencia, pero allá me sentía muy mal.

Noticias sensacionales de la guerra no tenemos, y la campaña se prolonga. Sé que más de mil cubanos de la emigración han ido a Cuba capitaneados por Sanguily (Manuel ha ido como Julio, pero no sé si junto con él) Lacret, Emilio Núñez y otros capitanes

La Delegación tiene ahora más gastos y no se cansa de pedirme dinero: me consta que acaba de pagar pasajes de más de 300 expedicionarios, y vea Ud. en la Patria (sic) del 14 la confirmación de ello; porque si los Estados Unidos derraman por nosotros hoy su oro y su sangre, no debemos cruzamos de brazos los cubanos; sino mostramos por nuestra inquebrantable decisión, dignos del alto auxilio que el cielo nos depara.

No lo entiende así, sin embargo la emigración de San José; tanto peor para ellos.

Y adiós, amiga mía. Voy a permitirme con Ud. una confianza paternal. Quisiera poseer un objeto cualquiera de Maceo; lo más insignificante para Ud.; que me será muy grato conservarlo.

Yo tengo el anillo que usó Joaquín de Agüero, el primer mártir de la Libertad Cubana, fusilado en Camagüey el 12 de agosto de 1851; mi padre que fue compañero suyo, lo recibió de sus manos en el momento de salir para el patíbulo: la reliquia de los héroes son lección y ejemplo a las generaciones futuras

Y adiós, amiga mía. Crea Ud. en mi afecto más respetuoso y más cordial.

B.S.P.

Dr. Esteban Borrero E.


Tomado de Gonzalo Cabrales Nicolarde: Epistolario de héroes. Cartas y documentos históricos. La Habana. Editorial de Ciencias Sociales, 1996, pp. 324-326.

El Camagüey agradece a José Carlos Guevara la posibilidad de publicar este texto. 

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