Una serena tarde, cuando la primavera esmaltaba de rosas y nardos la pradera, y el céfiro besaba los naranjos en flor... mientras el sol reía con su risa de oro... las aguas de la fuente murmuraban a coro... y en la selva vecina cantaba el ruiseñor...
Por la verja sombría del triste camposanto... en lúgubre silencio que interrumpía el llanto... cruzó el cortejo lento... y envuelta entre los tules de nieve que formaban su nítido atavío... en su cajita blanca... llegó al sepulcro frío... la pobrecita niña de los ojos azules...
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