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Álbum poético-fotográfico de las escritoras cubanas (Prólogo)

Álbum poético-fotográfico de las escritoras cubanas (Prólogo)

Este libro, que con justísimo temor vamos a lanzar al revuelto mar de la opinión pública, donde quizás pueden naufragar nuestras más dulces esperanzas, no tenemos idea de presentarlo como modelo, ni menos como el mejor de su clase.

Tampoco aspiramos con él a conquistar un nombre: su objeto tiende a otros fines menos pretenciosos; la admiración hacia lo bello, el entusiasmo por lo grande, y hasta cierto punto, una reparación justa contra el error de una creencia que abrigan la mayoría de los europeos acerca de la indolencia en que dicen nace, se cría y vive la mujer cubana. No ha faltado quien poseído de esa idea, las describa con el sello característico de la índole y costumbres de las mujeres orientales: reclinadas, no en purpúreos almohadones, pero si en la oscilante hamaca, envueltas entre nubes de trasparentes gasas, rodeadas de fragantes flores, y a su lado la esclava africana oreándola con abanicos de suaves plumas y brillantes pedrerías.

Y aunque no es ciertamente este libro el que comprueba su industrioso y activo carácter, dará a lo menos una idea de que no permanecen en el letargo de la indolencia las que tienen una viva y ardiente imaginación que en alas del entusiasmo y la inspiración se remonta hasta el cielo, como queriendo sondear lo infinito.

***

Cuando abrimos los ojos a la luz de la razón, cuando empezábamos a comprender el valor de las letras, hallamos la atmósfera de todos los círculos sociales llena de un nombre que resonaba con el estruendo de una sublime alegría. Era esa la época, no remota, en que Gertrudis Gómez de Avellaneda pisaba la culta ciudad de la Habana, y en que sus entusiastas hijos ceñían a su gallarda y gentil cabeza un brillante y bien merecido laurel.

Nuestra edad era ese período feliz en que todo lo miramos bajo un prisma encantador, ¡la infancia!... Desde esa época la admiración a su genio volvióse un culto para el alma, y nació, puede decirse, el deseo que hemos llevado a cabo por fin, aunque no con el éxito brillante de nuestros propósitos, porque en vano hemos invocado mil veces a las divinas musas para que nos concedan sus favores.

Conocemos con toda nuestra humildad cuan poco valemos para presentar una obra digna de una mujer, tan universalmente conocida y proclamada “como la mejor cantora de todos los tiempos”; no aspiramos a acercárnosle en ningún grado; apenas a seguir su luminosa estela, porque ella es como un astro refulgente que luce lleno de esplendor y hermosura en el Cénit, mientras que nosotras no somos más que una pálida estrella cuyos tibios resplandores apenas se divisan en el Oriente.

Muchas veces nos ha hecho retroceder desconfiadas el desaliento; pero la voz del deseo, más poderosa que nuestra timidez, nos dice: “adelante”.

Y siguiendo sus impulsos ¡ADELANTE! también nos dice el corazón.

Con fraternal amor hemos llamado a nuestras hermanas en nuestro auxilio, para formar con sus dulces y argentinas voces un coro, y en él mezclar la nuestra, tímida y débil.

Ese es nuestro propósito.

Esa ha sido nuestra idea.

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Inmensa y dulcísima es la satisfacción con que late hoy nuestro pecho: ya de nuestra frente se disiparán las brumas del pesar que nos ha ocasionado la desconfianza pública acerca la realización de nuestro querido pensamiento, afianzando sus sospechas en nuestra escasa fortuna y pocos años.

Ya al presentarnos con nuestro modesto libro en las manos y el corazón palpitante de temor y de alegría, no oiremos en los ecos populares los epigramas picantes y ridículas chanzonetas de que hemos sido el blanco durante su ejecución.

Que si hubiéramos tenido un ánimo pusilánime, hubiéramos desistido, pues no bien empezó a hablar generosamente en nuestro favor la prensa periódica, cuando el espíritu de rivalidad y contradicción llevó sus invectivas hasta el terreno de la mentira y la injusticia, negándonos la originalidad y la propiedad del Álbum Poético Fotográfico, lo que tuvimos que combatir enérgicamente, salvándonos la sincera declaración de la persona a quien se aludía como autor, de que jamás había pensado semejante cosa, sino otra muy distinta en su género.

Ya verán aquellos que tanto nos hacían temer, que no le están exclusivamente reservados a los que poseen inmensos bienes de fortuna, todos los medios de poner en práctica cuanto piensan y quieren: hay otros tan poderosos como ellos, y los únicos poderosos de la tierra: la fuerza de voluntad, y la constancia.

Un ejemplo ilustre de estas virtudes de los ánimos esforzados nos presenta el gran Almirante genovés: los sabios lo llamaron LOCO, y esta locura sin embargo dio por resultado un Nuevo Mundo.

¡Oh, nosotras creemos que aun en estos tiempos en que la civilización recibe los homenajes de todos como la única diosa del siglo, pocos comprenden en todo su valor cuánto era Cristóbal Colón!

Así pues, ¿quién ha de extrañar que una hija de ese mundo mismo, cuya existencia se creyó fantástica, fantasee el bien, sin alcanzar a conseguirlo; fantasee lo grande, sin alcanzar a desenvolverlo; fantasee lo bello, sin alcanzar a pintarlo, y sean vanos sus esfuerzos para hacer una obra digna de ser ofrecida a la reina de la poesía, cuando él tuvo que apurar tantos sinsabores para dar cima a su grandiosa idea y ofrecerla en homenaje a otra reina...?

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Respecto al valor de nuestra obra, no es a nosotras a quien toca juzgarla, sino al público.

Su género es como el de casi todas las que se publican en Cuba; poética; y si hemos de creer a Lamartine: “la poesía es la voz de la humanidad pensando y sintiendo”, la poesía en nuestro humilde concepto debe representar el sello, digámoslo así, del mundo real que la inspira, y el ideal que le da sus formas.

La calificación del gran poeta nos parece verse tan de manifiesto en el carácter de nuestra poesía, que no tememos llamarla, descriptiva y amorosa, en consonancia con la naturaleza virgen y floreciente de nuestro suelo.

Ignoramos qué acogida tendrá; pero contamos ya con el favorable voto de nuestra ilustre cantora, que nos expresa el valor en que la estima, y con esa generosa indulgencia que tanto distingue a las almas elevadas, nos dice:

“Que la acepta gustosa como una preciosa ofrenda de bondad, que si no es ciertamente merecida, será estimada en toda su gran valía, y la conservará como gratísimo recuerdo del país en que nació, y que se complace en reconocer fecundo en grandes y distinguidos ingenios; sino también como la más gloriosa de las recompensas a que podía aspirar por sus humildes trabajos literarios.”

A lo que no podemos menos de responder con toda la ternura y entusiasmo de nuestra alma.

Gracias, señora, habéis correspondido al vehemente deseo del corazón de vuestra compatricia,

— Domitila García

Muchas veces nos ha hecho retroceder desconfiadas el desaliento; pero la voz del deseo, más poderosa que nuestra timidez, nos dice: “adelante”. 
Retrato de una mujer - Adelaide Labille-Guiard, 1787.

Tomado de Álbum poético-fotográfico de las escritoras cubanas. Imp. Militar de la Viuda e hs. de Soler, calle de Ricla, núm.40, 1868, pp.I-VI

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