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La presencia árabe en la arquitectura camagüeyana

La presencia árabe en la arquitectura camagüeyana

Los elementos arquitectónicos provenientes de la cultura islámica tienen un lugar importante en la historia de la ciudad de Camagüey. Esta relación entre la arquitectura y el mundo árabe puede explicarse distinguiendo dos etapas históricas. El primer ciclo es la etapa colonial, período en que la elemental arquitectura de bohíos desarrollada por los aborígenes cubanos sucumbió paulatinamente ante la sapiencia arquitectónica trasladada por los españoles, y esta transportación de códigos ibéricos contenía la herencia musulmana asentada por varios siglos en aquellas tierras europeas. Considero que para dicha época resulta desacertado hablar de influencias, pues en esta fase la presencia de lo árabe en nuestra arquitectura significó un suceso cultural auténtico. El segundo ciclo de trascendencia de lo árabe en nuestro entorno construido es la primera mitad del siglo XX, fase de tendencias diversas en la concepción estética de los edificios y momento en que el arte islámico llegó como una moda más en la búsqueda de alternativas expresivas. Es éste un tiempo apropiado para hablar de influjos, ya que a nivel mundial muchos de los paradigmas ornamentales árabes se convirtieron en novedad pintoresca.

Antes de adentrarme en la arquitectura camagüeyana de la colonia creo oportuno abordar uno de los conceptos imprescindibles relativos a esta etapa, el mudéjar, cuya etimología proviene del vocablo árabe mudággan y que se utilizó en España a finales de la Edad Media para denominar a aquellos musulmanes a quienes se les permitió seguir viviendo en los territorios reconquistados por los cristianos, profesando el islam, pero pagando tributos con periodicidad y bajo regulaciones muy específicas. De aquí que el término tenga un origen étnico-religioso y no precisamente ligado a un modo artístico de creación. El mudéjar como calificativo de un estilo arquitectónico fue aportado en 1859 por José Amador de los Ríos en su discurso de ingreso a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el cual tituló “El estilo mudéjar en arquitectura”[1]. Desde esta primera propuesta queda definido como la simbiosis que se produjo en el período medieval español entre los conceptos cristianos y las maneras musulmanas de construir.

Durante el siglo XX y lo que llevamos del XXI el concepto de lo mudéjar ha sufrido una interesante evolución[2], con polémica incluida. Por ejemplo, importantes estudios de las últimas décadas referentes a la arquitectura española del medioevo manifiestan inconformidad con la utilización del término para calificar las creaciones constructivas entre los siglos XI y XVI. En primer lugar, desde el punto de vista artístico es insuficiente utilizar un vocablo que por concepto señala una condición social o religiosa, ya que no sólo los grupos mudéjares representan la autoría de las obras. En este mismo sentido, exploraciones más profundas[3] han determinado que los mayores asentamientos mudéjares no coinciden siempre con los centros de mejores aportes arquitectónicos de esta vertiente. Por último, otros resultados investigativos cuestionan la buena convivencia de cristianos y mudéjares: los investigadores insisten en la marginación que sufrieron los musulmanes y cuestionan la verdadera influencia de los mudéjares en la arquitectura de la época.

Más allá de estos debates, el término ha sobrevivido y tiene plena vigencia. El más importante encuentro científico sobre dicho asunto, el Simposio Internacional de Mudejarismo, ya ha convocado a su décimoquinta edición y obviamente respalda el empleo del término. El vocablo ha superado su referente étnico y su mejor definición al día de hoy es aquella que señala la continuidad del estilo arquitectónico musulmán en tierras españolas reconquistadas por los cristianos, como herencia cultural asumida y utilizada por los constructores independientemente de su connotación religiosa. No se trata de influencias islámicas, sino de una manera de edificar arraigada en los constructores españoles de la edad media. Para Gonzalo Borrás es un producto autónomo de la cultura ibérica: “el mudéjar no es otra cosa que la expresión artística de la sociedad medieval española, en la que conviven cristianos, moros y judíos. Es el resultado de la peculiar trayectoria de la historia de España, a la vez que la perfecta expresión plástica de la estructura social de su época”[4]. La especialización de los estudios referentes a lo mudéjar ha demarcado que las características del estilo varían según las diferentes regiones españolas. Igualmente se ha señalado que una evaluación integral del fenómeno mudéjar debe abarcar las realizaciones americanas, pues en estas tierras la arquitectura transferida por los colonizadores tuvo un desarrollo singular.

Expuestas las implicaciones del término mudéjar, puedo utilizarlo con más tranquilidad para referirme a aquella arquitectura traída por los españoles de indudable matriz árabe. Esta tendencia constructiva resulta notoria en la arquitectura cubana y en Camagüey forma parte importante del patrimonio inmueble erigido en el periodo colonial. Las referencias acerca de los primeros pobladores españoles en tierras camagüeyanas nos informan la presencia de un relevante número de colonos provenientes de Andalucía, región ibérica donde el arte musulmán tuvo mayor despliegue. Hacia 1516 llegó a la recién fundada villa de Puerto Príncipe el carabelón Osado, procedente de Sevilla[5], con 66 personas a bordo entre hombres, mujeres y niños. Otro dato curioso aportado por Juárez Cano es la anotación de que junto al desembarco antes mencionado llegaron desde Santo Domingo un herrero, un carpintero y un alfarero, todos de procedencia hispana. Fueron estas mismas personas las que decidieron moverse a Caonao en busca de mejores tierras y los que posteriormente se asentarían entre los ríos Tínima y Hatibonico.

Por otra parte, la riqueza en material arcilloso de la región camagüeyana posibilitó el desarrollo de la industria del barro. El ladrillo, principal materia prima de la arquitectura mudéjar en España, también constituyó elemento fundamental de la arquitectura camagüeyana. La variedad de aleros construidos en el período colonial muestra esa maestría de los constructores musulmanes para trabajar el ladrillo. A cada paso podemos encontrar los aleros de sardinel y tejaroz que imprimen una textura peculiar al remate de los edificios (ver imágenes 1, 2 y 3).

Imagen 1: Alero de sardinel. Casa del período colonial en la calle Lugareño, Camagüey.
Imagen 2: Alero de tejaroz. Casa del período colonial en la plaza San Juan de Dios, Camagüey.
Imagen 3: Alero de sardinel. Alcazaba de Málaga.

Igualmente, el trabajo con el ladrillo facilitó la construcción de arcos polilobulados y mixtilíneos de clara ascendencia musulmana. La plasticidad formal que posibilita la combinación entre el ladrillo y la argamasa de arena-cal hizo evolucionar la silueta de los arcos coloniales. Con el paso del tiempo los maestros criollos llevaron estos arcos a realizaciones más complejas de indiscutible singularidad, obras que han devenido elementos representativos de la arquitectura colonial camagüeyana (ver imágenes 4, 5 y 6).

Imagen 4: Arco mixtilíneo. Casa del período colonial en la calle Cisneros, Camagüey.
Imagen 5: Arco mixtilíneo. Casa del período colonial en la calle Ignacio Agramonte, Camagüey.
Imagen 6: Campanario de la Catedral de Sevilla. Sección construida por los Almohades a finales del siglo XII. Se evidencia la versatilidad en el uso del ladrillo para el diseño de los arcos y elementos decorativos.

Si bien las obras de mampostería reflejan una clara incidencia de las maneras constructivas musulmanas, es sin duda en las techumbres de armadura donde adquieren más claridad los conceptos mudéjares de diseño. Los fundamentos estructurales de las armazones de madera hispanomusulmanas son palpables en las obras de carpintería ejecutadas para los techos coloniales camagüeyanos. De igual manera, la sencilla decoración a base de formas geométricas simples que se presenta en los harneruelos y tirantes pareados camagüeyanos, nos remite a las virtuosas ornamentaciones de las techumbres mudéjares, las cuales a base de lazos quebradizos que se entrecruzan conforman una trama de polígonos estrellados de alta complejidad (ver imágenes 7 y 8).

Imagen 7: Armadura de par-nudillo. Iglesia de Santa Ana, Camagüey.
Imagen 8: Armadura de par-nudillo. Monasterio de la Cartuja, Sevilla.

Otros conceptos espaciales de origen árabe nutrieron nuestra arquitectura, dígase el conocido zaguán, acceso secundario inmediato a la entrada principal de la vivienda. Asimismo, un importante número de vocablos arquitectónicos tienen un origen inmediato en la cultura árabe, algunos ejemplos son: alacena, alfarda, alfarje, alfarería, azulejo, aljibe, alcoba, adaraja, adobe.

Más allá de estas claras incidencias podemos encontrar connotaciones de mucha más oficialidad. La máxima autoridad en materia arquitectónica de los ayuntamientos coloniales cubanos se denominó alarife, palabra proveniente del vocablo árabe al-arif: el maestro, el entendido, el oficial[6]. En la ciudad medieval musulmana era el arif la autoridad encomendada de regir las obras de arquitectura o cualquier otro incidente de índole constructivo. Este cargo se traslada a las estructuras del nuevo régimen cristiano preservando su nombre y sus funciones esenciales. En el caso de Camagüey el puesto del alarife en el Ayuntamiento de la ciudad se mantiene hasta 1859[7], momento en que se crea la nueva plaza de arquitecto municipal.

Con la llegada del siglo XX las corrientes historicistas inundaron el repertorio formal de la arquitectura camagüeyana hasta llegar a soluciones propiamente eclécticas. Unido al lenguaje arquitectónico de los más disímiles estilos históricos también llegarían las referencias a la arquitectura árabe. En numerosos edificios de la primera mitad del siglo puede observarse la utilización de los arcos polilobulados o los arcos de herradura, elementos distintivos de las construcciones musulmanas (ver imagen 9).

Imagen 9: Arcos de herradura. Casa de estilo ecléctico, Camagüey.

También se difunden en esta etapa de eclecticismos los enchapes de azulejos con decoraciones afiliadas a las más diversas tendencias estilísticas. Dentro de esta temática ornamental se distinguen diseños de peculiar inspiración en los motivos geométricos islámicos, imitando incluso la antiquísima técnica de alicatado, legada por la artesanía musulmana (ver imágenes 10 y 11).

Imagen 10: Azulejos que imitan la técnica de alicatado. Casa de la calle Benavides, Camagüey.
Imagen 11: Zócalo cerámico con la técnica de alicatado. Alcázar de Sevilla.

Entre los sucesos arquitectónicos de la primera mitad del siglo XX relacionados con la cultura árabe se destaca el inmueble sito en la Avenida de la Libertad #48. Esta edificación fue intervenida de forma capital en el año 1945 mediante el proyecto del arquitecto José Acosta O´Bryan[8]. El diseño planteado, más que una simple referencia a las formas arquitectónicas árabes, responde a una imitación explícita del Palacio de los Leones construido por los nazaríes en la Alhambra de Granada. Salvando la lógica distancia, el patio de esta casa camagüeyana fue concebido a imagen y semejanza del patio del mencionado palacio, la más famosa de todas las obras de la Alhambra. Desde las esbeltas columnillas cilíndricas con capiteles cúbicos que sostienen la galería, hasta la propia fuente soportada por esculturas zoomorfas, nos remiten ineludiblemente al original granadino (ver imágenes 12, 13 y 14). También en el espacio de sala-saleta se observan singulares trabajos de yesería que, además de recrear motivos ornamentales de procedencia musulmana, hacen alusión a la alta especialización que alcanzó esta técnica decorativa en el mundo hispanoárabe.

Si bien no es posible hablar de una producción arquitectónica fomentada por árabes naturales que se asentaron en tierras agramontinas las nociones arquitectónicas del mundo musulmán están presentes en nuestro entorno construido como un componente más en esa miscelánea que nos distingue.

Imagen 12: Casa en la Avenida de La Libertad # 48, Camagüey. 
Imagen 13: Patio de la casa en la Avenida de La Libertad # 48, Camagüey. 
Imagen 14: Patio del Palacio de los Leones. Alhambra. Granada. 
Fotos: Henry Mazorra.
Referencias:

[1] “Discursos” (1859). Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Archivo-Biblioteca. Madrid.
[2] José Gómez: “El Mudéjar como estilo artístico: una valoración historiográfica”, en Mirabilia, No. 5, 2017.
[3] Ana Echevarría: “La “mayoría” mudéjar de León y Castilla: legislación real y distribución de la población (siglos XI-XIII)”, en En la España medieval. No 29. 2006.
[4] Gonzalo Borrás: El arte mudéjar. Teruel, Instituto de Estudios Turolenses, 1990.
[5] Jorge Juárez: Apuntes de Camagüey. Imprenta “El Popular”, Camagüey, 1929
[6] Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Española. Espasa Calpe, S.A., 1995
[7] Henry Mazorra: “Del Alarife al Arquitecto Municipal en Puerto Príncipe”, en Cuadernos de Historia Principeña IV. Elda Cento, comp. Editorial Ácana, Camagüey, 2004.
[8] Fondo Ayuntamiento. Leg. 229, No. 26. Archivo Histórico Provincial de Camagüey. 

Una primera versión de este texto apareció en la revista Senderos. Camagüey, Oficina del Historiador de la Ciudad, No. 7 / 2008, pp. 3-8.

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