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La noche de insomnio y el alba

La noche de insomnio y el alba

Fantasía

    Noche
    Triste
    Viste
    Ya,
    Aire,
    Cielo,
    Suelo,
    Mar.
    Brindándole
    Al mundo
    Profundo
    Solaz,
    Derraman
    Los sueños
    Beleños
    De paz;
    Y se gozan
    En letargo,
    Tras el largo
    Padecer,
    Los heridos
    Corazones,
    Con visiones
    De placer.
    Mas siempre velan
    Mis tristes ojos;
    Ciñen abrojos
    Mi mustia sien;
    Sin que las treguas
    Del pensamiento
    A este tormento
    Descanso den.
    El mudo reposo
    Fatiga mi mente;
    La atmósfera ardiente
    Me abrasa doquier;
    Y en torno circulan
    Con rápido giro
    Fantasmas que miro
    Brotar y crecer.
    ¡Dadme aire! ¡Necesito
    De espacio inmensurable,
    Do del insomnio al grito
    Se alce el silencio y hable!
    Lanzadme presto fuera
    De angostos aposentos...
    ¡Quiero medir la esfera!
    ¡Quiero aspirar los vientos!
    Por fin dejé el tenebroso
    Recinto de mis paredes...
    Por fin, ¡oh espíritu!, puedes
    Por el espacio volar...
    Mas, ¡ay!, que la noche oscura,
    Cual un sarcófago inmenso,
    Envuelve con manto denso
    Calles, campos, cielo, mar.
    Ni un eco se escucha, ni un ave
    Respira, turbando la calma;
    Silencio tan hondo, tan grave,
    Suspende el aliento del alma.
    El mundo de nuevo sumido
    Parece en la nada medrosa;
    Parece que el tiempo rendido
    Plegando sus alas reposa.
    Mas ¡qué siento!... ¡Balsámico ambiente
    Se derrama de pronto!... El capuz
    De la noche rasgando, en Oriente
    Se abre paso triunfante la luz.
    ¡Es el alba! Se alejan las sombras,
    Y con nubes de azul y arrebol
    Se matizan etéreas alfombras,
    Donde el trono se asiente del sol.
    Ya rompe los vapores matutinos
    La parda cresta del vecino monte;
    Ya ensaya el ave sus melifluos trinos;
    Ya se despeja inmenso el horizonte.
    Tras luenga noche de vigilia ardiente
    Es más bella la luz, más pura el aura...
    ¡Como este libre y perfumado ambiente
    Ensancha el pecho, el corazón restaura!
    Cual virgen que el beso de amor lisonjero
    Recibe agitada con dulce rubor,
    Del rey de los astros al rayo primero
    Natura palpita bañada de albor.
    Y así, cual guerrero que oyó enardecido
    De bélica trompa la mágica voz,
    Él lanza impetuoso, de fuego vestido,
    Al campo del éter su carro veloz.
    ¡Yo palpito, tu gloria mirando sublime,
    Noble autor de los vivos y varios colores!
    ¡Te saludo si puro matizas las flores!
    ¡Te saludo si esmaltas fulgente la mar!
    En incendio la esfera zafírea que surcas,
    Ya convierte tu lumbre radiante y fecunda,
    Y aún la pena que el alma destroza profunda,
    Se suspende mirando tu marcha triunfal.
    ¡Ay!, de la ardiente zona do tienes almo asiento,
    Tus rayos a mi cuna lanzaste abrasador...
    ¡Por eso en ígneas alas remonto el pensamiento,
    Y arde mi pecho en llamas de inextinguible amor!
    Mas quiero que tu lumbre mis ansias ilumine,
    Mis lágrimas reflejen destellos de tu luz,
    Y sólo cuando yerta la muerte se avecine
    La noche tienda triste su fúnebre capuz.
    ¡Qué horrible me fuera, brillando tu fuego fecundo,
    Cerrar estos ojos, que nunca se cansan de verte;
    En tanto que ardiente brotase la vida en el mundo,
    Cuajada sintiendo la sangre por hielo de muerte!
    ¡Horrible me fuera que al dulce murmurio del aura,
    Unido mi ronco gemido postrero sonase;
    Que el plácido soplo que al suelo cansado restaura,
    El último aliento del pecho doliente apagase!
    ¡Guarde, guarde la noche callada sus sombras de duelo,
    Hasta el triste momento del sueño que nunca termina;
    Y aunque hiera mis ojos, cansados por largo desvelo,
    Dale, ¡oh sol! a mi frente, ya mustia, tu llama divina!
    Y encendida mi mente inspirada, con férvido acento
    —Al compás de la lira sonora—tus dignos loores
    Lanzará, fatigando las alas del rápido viento,
    A do quiera que lleguen triunfantes tus sacros fulgores!


     Tomado de poeticous.com

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