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El Pisto de hoy

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El Pisto de hoy

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Tenía el propósito hoy de escribir como siempre el Pisto Manchego, pero he aquí que al llegar esta mañana a la Redacción del periódico, me he encontrado con algo sencillamente desconcertante: con que no tengo un solo tema sobre el cual desenvolver mi diaria disertación. Buscar temas todos los días para hacer un artículo es algo que, contrariamente a lo que opina la mayoría, es más difícil que tomar una gaseosa de Pijuán, porque esto es una cosa que la hace cualquier mortal, a poco que se entere en el lugar en que vive, dónde venden lo bueno y dónde está lo que conviene comprar.

Escribiré sobre la situación económica del país, cuyo tesoro guarda avaramente en sus arcas veinte y siete millones de pesos, a pesar de las huelgas constantes y de las actividades poco recomendables de muchos de sus gobernantes, que, como ha dicho el coronel Despaigne, escriben con dos dedos y cogen lo que pueden con los diez.

Me parece que este es un tema muy gastado. Ya el público debe de estar cansado de los que a diario le repiten los males que le muerden las entrañas, sin recomendar, a última hora un remedio que valga la pena. Decididamente, no escribo sobre los males de Cuba.

¿Escribiré entonces sobre la importancia que un servicio funerario bien hecho comunica al cadáver que es objeto del mismo, haciendo que sea más respetado aún por lo que bien que es conducido “al hoyo”, como sucede con los enterramientos que sirve la conocida funeraria de Varona, Gómez y Cía… que hasta hace muchos servicios de gratis sobre todo cuando el muerto es “insolvente”?

No puedo dedicarle un artículo a la funeraria, porque ello sería abusivo en relación con otros muchos industriales. ¿Qué diría al ver esa predilección al señor M. Zabalo, el de los admirables trabajos en cemento? ¿Y qué diría Barrios, el conocido sastre camagüeyano, que se sentiría preterido injustamente, ya que sus trajes en el orden “sastreril” valen lo que, desde el punto de vista fúnebre, significa un servicio de esa casa citada? Me expondría a que esos señores me tomaran un odio que no quiero merecer, sobre todo, porque eso traería sobre mí la desventaja de no ser convidado más nunca a tomar el delicioso ron de Vallvey, con el que muchos señores industriales me invitan frecuentemente. No, no escribo tampoco sobre un tema de esta naturaleza.

¿Escribiré sobre el susto que le han dado al Dr. Zayas los miembros de la Asociación del Buen Gobierno, al tratar de que se investigara de dónde ha salido la plata con que se han hecho las hermosas obras que luce la bella residencia presidencial de la Finca María, en cuyos aposentos no faltan lámparas de extraordinaria hermosura, solo comparables con las que en esta ciudad vende la Casa Medía y en cuyas bodegas brillan con dulce fulgor los vinos admirables que paladea el labio presidencial y muchos de los cuales proceden del establecimiento El Baturro, de esta ciudad?

¿O hablaré, acaso, de la negativa presidencial a que se hurgara en sus comodidades actuales, muy alejadas, por su bien, de aquella estrechez mísera de su casita de Morro 3, en la que no tenía el flamante Strudebaker en que ahora luce su cansada anatomía a través de las calles habaneras, ni gozaba de las cómodas camas en que ahora descansa y solo comparables en Cuba con las que tiene el señor Casildo López?

No. Yo no me atrevo a hablar de estas cosas porque no tengo ganas, ciertamente, de buscarme un lío con el presidente de la República. Él me ha ofrecido protegerme a condición de que me esté callado y no soy de los que echan a rodar por tierra una fortuna después que la tienen casi en el bolsillo. No digo, pues, nada del Dr. Zayas, que aunque sea un juguete de los muchos que venden en el colosal establecimiento del Sr. Robaina en esta ciudad, he de ganarme.

¿De qué hablo pues, de qué hablo? De nada. No tengo tema. Mañana trataré de ser un poco formal. Pero lo que es hoy… ¡hoy me voy a dormir!, que tengo bastante sueño y me espera en el Hotel Habana una habitación la mar de fresca y cómoda, y en la que, después de “entrarle” a una cajita de conservas comprada en el Colmado La Palma y obsequio de un amigo mío, me dejaré caer en los brazos de Morfeo, dulcemente embriagado por el suave aroma de un cigarrillo de Calixto López.

Conque… hasta mañana

Interino
Sábado 12 de abril de 1924


Incluido en el periódico El Camagüeyano, el 12 de abril de 1924. Tomado de Nicolás Guillén: Pisto manchego. Compilación y prólogo de Manuel Villabella. La Habana, Ed. Letras Cubanas, 2013, t.I, pp.129-131.
Nota de El Camagüey: Entre 1924 y 1925  Nicolás Guillén asumió la redacción de la sección Pisto Manchego, en el periódico El Camagüeyano, una sección que combinaba la crónica periodística y la publicidad comercial. Debía anunciar los servicios de una funeraria, de un sastre y de El Baturro, las gaseosas Pijuán y el Colmado La Palma, la Casa Mendía, los muebles de Casildo López, los cigarros de Calixto López... La sección era diaria —tal como lo asegura en este texto— y muy ocurrente. Había sido creada por un periodista español, de apellido Santovenia, y su nombre, el de un plato español, es una metáfora precisamente de la mezcla consustancial a su espíritu, a medio camino entre el periodismo y la publicidad.

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