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Mambiserías: la soga quiebra por lo más delgado

Mambiserías: la soga quiebra por lo más delgado

Ya era Teniente en el año 1897, el jovencito de diecisiete años Arquímedes E. Méndez y Rodríguez, y Ayudante de Campo del Mayor General Javier Vega, Jefe del Tercer Cuerpo del Ejército Libertador, en Camagüey, que había sustituido en el mando al Mayor General Manuel Suárez y Delgado.

El General Vega con su Estado Mayor y Escolta estaba acampado en Las Guásimas y tuvo noticias de la llegada de una expedición al mando del General Rafael Cabrera, y marchó apresuradamente para las cercanías del probable puerto ele alijo. La noche anterior había dado órdenes de que se tocara diana a las dos o a las tres de la madrugada, y fue repartida la “imaginaria” entre los ayudantes. Al Teniente Méndez le tocó hacer el tercer turno, para el que habría de ser llamado por un anciano Coronel recién incorporado procedente de una expedición, en compañía de Carlos Martín Poey y un americano llamado James.

Los Ayudantes del General Vega tenían establecida la costumbre en el Cuartel General, de turnarse en estas guardias, entregándole a su sucesor una lista con un reloj

El Coronel en cuestión, aunque había sido de la Guerra del 68, aún no estaba bien entrenado para la nueva campaña, aparte de que padecía de hemorroides y siempre estaba quejándose. Cuando Méndez despertó por la mañana ya el sol se encontraba muy alto, y se dio cuenta de que nadie lo había llamado para que hiciera su turno de guardia, y oyó que el General Vega muy colérico averiguaba con el Jefe de Estado Mayor la causa de que no se hubiera cumplido la orden de tocar diana a la hora por él señalada. Dio principio la investigación por el primer turno, y al llegar al segundo (el del Coronel enfermo), dijo éste:

—Yo llamé a mi sucesor a quien hice entrega de la lista y el reloj.

El sucesor, que era el Teniente Méndez, al verse señalado como el causante de lo ocurrido, exclamó.

—Juro por mi honor que nadie me ha llamado.

Parece que el Coronel se quedó dormido cuando estaba haciendo su turno y se rindió, y para evitarse responsabilidades, al despertarse, le echó a Méndez, dentro de la hamaca el reloj y la lista. Y como éste no pudo justificar lo contrario, pues contra él fueron a dar todas las consecuencias originadas por el sueño del viejo Coronel.

La soga quebró por lo más delgado y el Teniente Méndez fue culpado en primera instancia: pero como se defendió, todo se redujo a que lo arrestarán unos días en su pabellón y no pasara la cosa a Consejo de Guerra.

Entre un Teniente de diecisiete años y un Coronel de más de 60, se tomó el partido por el más viejo y se resolvió castigar al muchacho, sin más averiguaciones, aparte de que no resultaba tarea fácil saber la verdad, porque los hechos ocurrieron cuando todo el mundo se encontraba entregado en brazos de Morfeo, y quién sabe si más de cuatro soñando con los angelitos.

Tomado de Mambiserías. Episodios de la guerra de independencia. 1895-1898. Con un prólogo del teniente del Ejército Nacional Alberto Castilla del Busto, Secretario del Departamento de Dirección. La Habana, Imprenta del Ejército, 1930, pp.179-180.

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