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Seña Cleofas, seña Cleofas (carta abierta a Gonzalo Aróstegui)

Seña Cleofas, seña Cleofas (carta abierta a Gonzalo Aróstegui)

Aquí me tienes hecho un basilisco, un Fierabrás, un Santiago Matamoros, no contra el bueno del doctor Catalá, que es de por estas tierras, sino contra ti, también doctor; pero camagüeyano, del mismísimo riñón de Cuba, como decía más o menos el Lugareño.

Tú, por hacerme favor, me has dado con la badila en los nudillos. Corregiste las pruebas, lo sé de buena tinta, de mi maltratado artículo “Seña Cleofas”; y aquí fue ello. Te olvidaste de que soy director, aunque indigno, de la Academia de la Lengua, y uno por tanto de los encargados de fijar, limpiar y dar esplendor a nuestros provincialismos. Fíjate: encargado de fijar. Ahora bien, yo, que tantas veces oí con mis oídos llamar “seña Cleofas” a seña Cleofas, ¿cómo voy a escribir señá Cleofas? Equivaldría a nombrar señá Quina a otra doctora de la misma iglesia, su contemporánea seña Quina.

Esta “a” de seña no es tónica, sino átona. Si en otras partes cargan el acento en ella, allá ellos. Me basta con defender la acentuación genuina, la de nuestra patria, la de nuestra gente. Por esto la llamo enfáticamente genuina.

En desquite, te ruego que influyas con el doctor Catalá para que publique esta carta. Así quiera la suerte librar a su linda nietecita de los dedos de alambre de alguna seña Cleofas habanera.

Tu tío afmo (afectísimo)

Enrique José Varona
Vedado, diciembre, 1926.


A este texto le sigue una carta abierta a Ramón A. Catalá, director de El Fígaro, ya publicada en El Camagüey: https://bit.ly/3uix3Dx. La publicación de ambos textos y de la respuesta de Gonzalo Aróstegui (https://bit.ly/3xhdT49) ha sido posible gracias a la generosa colaboración de Natalia del Río Aróstegui.

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