Como el Dr. Aróstegui, usted lo sabe, es la delicadeza personificada, no se me ha quejado abiertamente por la carta que le dirigí por conducto de El Fígaro; pero noto que le ha escrito. Esto me apena mucho, pues sólo quise darle una broma, a la vez que fijar la acentuación empleada por mí en la palabreja seña. Tan de broma estaba, que hice mérito de mi cargo de director de la Academia, el cual, de mí para usted, me importa tres cominos. Le ruego, en consecuencia, que Usted satisfaga a Gonzalo, haciéndole presente cuanto le digo. Me valgo de Usted, puesto que usted ha sido la causa inocente de este pequeño desaguisado.
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