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    Van a fusilar
    a un hombre que tiene los brazos atados.
    Hay cuatro soldados
    para disparar.
    Son cuatro soldados
    callados,
    que están amarrados,
    lo mismo que el hombre amarrado que van a matar.

    —¿Puedes escapar?
    —¡No puedo correr!
    —¡Ya van a tirar!
    —¡Qué vamos a hacer!
    —Quizá los rifles no estén cargados...
    —¡Seis balas tienen de fiero plomo!
    —¡Quizá no tiren esos soldados!
    —¡Eres un tonto de tomo y lomo!

     Tiraron.
     (¿Cómo fue que pudieron tirar?)
     Mataron.
     (¿Cómo fue que pudieron matar?)
     Eran cuatro soldados
     callados,
     y les hizo una seña, bajando su sable,
     un señor oficial;
     eran cuatro soldados
     atados,
     lo mismo que el hombre que fueron los cuatro a matar.


Incluido en Cantos para soldados y sones para turistas (1937), tomado de Obra poética. Compilación, prólogo, cronología y notas de Ángel Augier. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2002, pp.145-146.

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