Lo que más me impresionó de la larga y brillante carrera de Vargas Llosa (Primer Marqués de Vargas Llosa, además de otros detalles menores como el Nobel o el Cervantes) fue que, equivocado o no, mantuvo siempre su independencia de pensamiento en épocas en que, por ejemplo, pelearse con la izquierda podía llevar a la muerte civil a un escritor latinoamericano. Los sesenta y los setenta y los ochenta, ahí sí había cancel culture, y fue precisamente en ese tiempo cuando se le ocurrió renegar de la ideología que encandiló a su juventud.
Hace unos años estaba en la biblioteca de Harvard y alguien me pidió recomendaciones de novelistas latinoamericanos para leer. Le dije que leyera a Vargas Llosa primero y a los demás después, y que era una lástima que por el sesgo izquierdoso del Nobel no se lo iban a dar nunca. Pero el Nobel había cambiado, y se lo dieron unos días después. Fue una coincidencia maravillosa, y nunca me alegró tanto estar equivocado.
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