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   Guardado en el librero
   está repleto el sobre
   el frontil de venado
   clavado en la pared
   la Caridad de oro
   con mi signo
   resplandeciente como el sol.
   En la tabla del armario
   la muñeca sonríe con su vestido de óvalos
   y en la novena loza
   la piedra puntiaguda rompe el aire.
   Y la vitrina con pedazos de cristal
   escarabajos y bayoyas disecadas.
   El escritorio
   el trozo de raíz que traje de una cueva
   a setecientos pies de algún lugar.
   Por lo demás
   la casa igual
   gritos de niños
   y ladridos.

Incluido en La casa (1954-1956). Tomado de Obra poética. La Habana. Ediciones Unión, 2004, p.13.

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