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¿Qué estatua debe ser colocada en nuestro Parque Central? (Camagüeyanos responden la encuesta de El Fígaro en 1899)

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¿Qué estatua debe ser colocada en nuestro Parque Central? (Camagüeyanos responden la encuesta de El Fígaro en 1899)

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Asunto tan interesante y de actualidad nos sugirió el deseo de conocer las opiniones sobre el mismo, de nuestros hombres más distinguidos, y en la anterior semana tuvimos el gusto de dirigir esa pregunta a guerreros, políticos, escritores, poetas y personalidades salientes del mundo intelectual cubano, habiéndonos complacido en hacerla extensiva a los prohombres del antiguo autonomismo y a miembros caracterizados de la prensa española.

Éxito brillante y acogida harto benévola ha obtenido nuestra proposición, como ha de observarse por las firmas ilustres que hacen de este número de El Fígaro un nuevo documento memorable, ya que en él se manifiestan las aspiraciones más respetables y cultas del país, acerca de los símbolos que deben representar los altos ideales del sentimiento patrio.

Y no queriendo retardar el justo anhelo del lector de deleitarse en la lectura de las múltiples respuestas recibidas, sólo nos demoramos un punto, para significar a sus autores el testimonio de nuestro más acendrado reconocimiento. 

El Fígaro


Nada me parece más hermoso ni más equitativo que ver en nuestro Parque Central las estatuas de Carlos Manuel de Céspedes y de José Martí, pasando aquél su espada a éste; pero si el grupo, aun con ese simbolismo, se creyese anacrónico, opto por la de Martí, considerando la fuerza decisiva que en la memoria y en la gratitud de los pueblos ejerce el triunfo.


Aurelia Castillo

       Mi opinión franca y leal,
       pues me la pide V. a mí,
       es que del Parque Central
       el hermoso pedestal
       debe ocuparlo Martí.

Martina Pierra, Vda. de Poo

Mi muy querido amigo: dos palabras para contestar a su amable invitación. Muchos hombres se ha sacrificado por el ideal de independencia y libertad en Cuba, o han contribuido a su progreso. En esas condiciones, es grande el número de los que pueden erguirse en el pedestal del Parque, pero a mí me parece que hay que esperar mayor serenidad en los ánimos para premiar los merecimientos de los hombres. Por esta razón, voto porque se coloque allí la estatua de la Libertad con los brazos abiertos para acoger a los hombres de buena voluntad de todos los países. 

Y deseando ver pronto en mármol, por la gestión de su popular e ilustrado semanario, la estatua que la mayoría señale, me suscribo de usted, afecto amigo,

Gonzalo Aróstegui

Estimado Sr. Pichardo:

Nos pregunta usted, en atenta circular: ¿qué estatua debe ser colocada en nuestro Parque Central?

Debe ser, porque le corresponde, la de Carlos Manuel de Céspedes, con estas palabras: Constitución. Destitución. Obediencia. Era el primero en todo lo grande.

Con sumo placer saludaríamos a usted más extensamente, pero obedientes a su mandato de ser cortos, sólo nos suscribimos sus afmos. amigos,

Salvador Cisneros, J. Lacret Morlot, Gral F. Leyte Vidal,
Gral.Pedro Vázquez, Rogelio Roque

En la evolución social el hombre empieza siendo esclavo y concluye siendo libre. ¿Cómo realiza esa evolución ascendente, esta transformación progresiva? Pues por medio de la revolución. Así derribó la tiranía sacerdotal y la tiranía militar. La revolución abatió al paganismo y exaltó al cristianismo; derribó al feudalismo y entronizó la monarquía. A la revolución se debe el despertar de la conciencia con el protestantismo. En su activo figura la constitución de todos los pueblos libres. Redimió a Europa y redimió la América. La revolución es arma que siempre pueden esgrimir los hombres esclavizados o amenazados en su libertad. Como una enseñanza o un recuerdo para pueblos y tiranos, erijamos en el Parque Central la estatua de la Revolución. 

Gastón Mora

El Parque Central en 1898, nótese todavía en pie la estatua de Isabel II.


La estatua de Martí; no otra. En este hombre singular culminaron todas las energías revolucionarias de nuestra patria; y terminaron imponiendo a España e imponiendo al mundo (mírese como se quiera mirar la intervención americana) el triunfo definitivo del ideal separatista.

Atiendo también al carácter de actualidad que debe tener el hecho. Tiempo habrá de erigir otras a tanto y tanto prócer de la independencia como vive en la Historia y en nuestros corazones. Esta revolución subió, ascendió del pueblo a las capas sociales superiores, que arrastró en su curso. Ninguno ahondó tanto ni tan fructuosamente en el corazón del pueblo cubano; en esos corazones, como en el mío, como en la Historia si sabe inspirarse en la verdad, Martí es el primero.

Esteban Borrero Echeverría

Sr. Manuel S. Pichardo: 

Honor a quien honor se debe.

Contestando la pregunta que se sirve hacerme, debo manifestarle que: 

No necesita consulta, porque por aclamación debe y tiene que resolverse. 

La del atrevido, intrépido y gran patriota Carlos Manuel de Céspedes es la estatua que debe colocarse en el Parque Central. 

La que debe hacerse por suscripción voluntaria en toda la Isla. 

Éste es el parecer de s.a. y s.s., 

Salvador Cisneros Betancourt

Ajeno a la política de actualidad, tengo tiempo de contestar a usted, sin hurtarlo a graves ocupaciones, su atenta esquela indagatoria de cuál debería ser la estatua más adecuada para erigirla en nuestro Parque Central. 

Creo, señor, que la erección de un monumento público achaque serio es, porque una vez llevado a cabo, no debe estar sujeto a mudanza, como lo que se parla o se escribe suavemente, y, por esta razón, he creído que la primera estatua que se levante en Cuba y que signifique virtud pública y privada, cultura, elevación de miras, austeridad de principios, solidez y alcance de meollo, conocimiento de sí mismo para enmienda de los propios yerros, abnegación sin límites, madura juventud y valor ejemplar, reuniendo tan eminentes cualidades en un solo individuo, nacido, criado y educado en Cuba, esa primera estatua debe ser la de Ignacio Agramonte y Loynaz. Él fue el gran maestro, bajo el plomo y el humo del combate; y puede sinceramente asegurarse que, al recordarle, los escépticos se postran y creen en la República de Cuba.

Ramón Roa

Desde Puerto Príncipe (por telégrafo)
Pichardo. —Fígaro. —Habana

Martí compendia glorias, heroísmos precursores, sintetiza obra redentora 95-98. —Voto por Martí.

Pedro Mendoza

Distinguido señor y amigo: cumplo un deber de cortesía que me honra, al contestar a su patriótica pregunta de fecha 14 del corriente sobre ¿qué estatua debe ser colocada en nuestro Parque Central?

Dejando a un lado ciertas consideraciones que se derivan del estado actual de cosas, yo opino deba colocarse hoy por hoy la estatua de la Libertad, que en resumen vendría a ser el exponente de nuestros esfuerzos. 

Tampoco se colocaría la de ninguno de nuestros héroes por cuanto sería motivo de discusión y tiempo tienen para que en vida se les hagan todos los honores que merecen. Y como la escala de los mártires es larga y todos tienen méritos indiscutibles, siendo difícil elegir entre Agüero, el Lugareño, Céspedes, Agramonte, Maceo y Martí, opino que el símbolo hoy más adecuado deba ser una estatua que represente el Martilogio Cubano.

Queda V. complacido por su S.S.Q.B.S.M.,

Dr. [Eugenio] Sánchez Agramonte

Me dispensa usted el honor de preguntarme acerca de la estatua que deba colocarse en el Parque Central, y me apresuro a complacerlo, si bien estimo de poca valía mi opinión. 

Entiendo que sobre todas las necesidades del momento hállase la trascendental de propender al desarrollo de la idea del Deber, elevándola —si fuera posible— a la categoría de religión sacrosanta. Desearía que nosotros nos inspirásemos siempre y nuestros hijos se amamantaran con tan purísimo ideal y que, difundiéndose de valle en valle y de playa en playa, despertara la somnolencia de los unos y estimulara la vigilancia de los otros, aplacara pasiones y a todos nos reuniera en apretado haz. 

Si las guerras de independencia se consagran por la humanidad como actos esencialmente heroicos, débese a que en ellas el sacrificio constitiye el dogma en virtud del cual unas generaciones se ofrendan —en el tabernáculo de la patria—en bien de otras. Sólo así redímense los pueblos del servilismo y pueden presentarse a la faz de la Historia mutilados, sangrientos, pobres y exánimes, quizás, pero con los derechos a la soberanía conquistados por la abnegación y el valor. 

Levántese, pues, un monumento que simbolice el sacrificio y heroísmo del pueblo cubano —en su lucha de emancipación— como justo homenaje al Deber. 

Aprovecho esta oportunidad para reiterarme su afmo. y s.s.,

Arístides Agüero

      Tallad, cubanos, con buril de gloria
      del Redentor supremo la memoria
      en mármol eternal: 
      del excelso Martí, mientras suspire
      un cubano leal,
      querrá la estatua donde al Morro mire,
      y, levantado enfrente a la extranjera, 
      ese mármol será nuestra bandera!

General Loynaz del Castillo

La estatua de Isabel II a punto de ser demovida en 1899.


Resumen. —Nueva votación

En estas admirables respuestas se han votado todas aquellas representaciones más queridas de los cubanos; pero no hay por ninguna determinada una mayoría decisiva, que no deje luz sobre la preferencia general de la opinión. Con poca diferencia de sufragios, se disputan la elección las estatuas de Martí y Céspedes, Luz Caballero y Cristóbal Colón, la Independencia, La República, La Libertad, el soldado cubano, etc.

Por esta indeterminación, nos parece oportuno someter todas las respuestas publicadas anteriormente, a una nueva votación entre los suscriptores de El Fígaro, para inquirir de su resultado cuál de las proposiciones alcanza en nuestro público inteligente mayor aceptación. A ese efecto, aparece en el margen de esta página, una papeleta que, después de llenada, se remitirá a El Fígaro, Obispo 62, hasta el día 11 de mayo próximo, cuyo plazo permitirá también que tomen parte en la votación nuestros abonados del interior de la Isla. 

Inmediatamente, y delante de un jurado que se nombrará en su oportunidad, se procederá al escrutinio correspondiente, cuyo resultado numérico publicaremos, reservando para entonces el dar a conocer el propósito final de nuestro pensamiento. 

Esperamos ahora que nuestros suscriptores tomarán el certamen que entre ellos se abre, con el mismo interés que ha despertado en la esfera intelectual, decidiéndose cada uno libremente por la firma que mejor haya interpretado su propio juicio. 

Imagen posterior a 1905, pues ya la estatua de Martí —realizada por el escultor cubano José Vilalta de Saavedra— estaba instalada en el Parque Central.


Tomado de
El Fígaro. Año XV, Núm.16, La Habana, 30 de abril de 1899, p.115.

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