—¿Por qué estás, pobre flor, mustia, inodora? —Por agravios del mundo que me hirieron, y las galas, crueles, destruyeron que en sus besos de amor diome la aurora.
—¿Vengó tu espina el mal que te devora? —Por todo el daño injusto que me hicieron, de mi corola, en cambio, recibieron el perfume süave que atesora.
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