Quise encarnar mi ansia en una sola rosa; en una forma altiva florecer en belleza; que tuviera un anhelo sutil de mariposa, y que fuera la gracia blasón de su nobleza.
Pero en mi vida nada se acerca ya a la rosa: ni un tono ni un matiz. ¡Oh, la, otoñal tristeza que idealizó el ambiente, y ha puesto en cada cosa el alma pensativa que dentro de mi reza!
Continúa la lectura con una subscripción a El Camagüey