Estaba ayer domingo sentada en la ventana del backparlor mirando el paisaje aquel que tanto nos recuerda a Cuba y que el canto de innumerables pájaros hacía aún más semejante. Mi imaginación estaba allá; en nuestra pobre Cuba, y con tristeza recordaba nuestro último rancho y donde pasaron los últimos días de mi felicidad. Estaba entregada a estos pensamientos, cuando sin darme cuenta empecé a recitar los siguientes versos como si alguien los fuera dictando: no sentía ganas de escribir, sino de hablar, y experimentaba una impresión agradable como cuando me siento rodeada de mis buenos espíritus y especialmente el de Ignacio, Eduardo y Luis. No creo que los versos sean muy buenos, pero sé que allí hay algo q. pueda ser del espíritu de Ignacio que en los primeros versos pinta el pensamiento que me ocupaba, y después
Y se inspiraba la alondra Y la tojosa gemía Y el ruiseñor majestuoso En su trinar proseguía.
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