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De la cruz a la gloria

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De la cruz a la gloria

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La devoción conocida como Vía crucis surgió en los primeros tiempos del cristianismo: los penitentes recorrían Jerusalén, siguiendo cada uno de los pasos o estaciones de la Vía Dolorosa, para rememorar, con la ayuda de los textos evangélicos los dolores de la pasión de Cristo y hacerlos suyos. Era un modo de hacer morir en ellos al hombre viejo y renacer con el Salvador en la resurrección. Siglos después, cuando la fe se habían extendido por el mundo, el espacio de la Ciudad Santa se convirtió en el espacio simbólico del templo: cada hombre podía encontrar, muy cerca de su entorno cotidiano, el sitio para encontrarse con el Redentor en el tránsito entre la muerte y la vida.

Maidelina Pérez ha creado su propio Vía crucis. Esta serie de quince piezas no es sólo un conjunto artístico, sino una ofrenda devocional, destinada a una catedral que aún no existe sino en sus sueños. Cada obra sigue una de las catorce antiguas estaciones y se añade una final, que otorga un sentido trascendente a las anteriores, aquella en que se confirma la Resurrección y con ella, la divinidad del Cristo.

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Ecce Homo
Y él no la rechazó
Cae por primera vez
El encuentro con su Madre
El Cirineo ayuda a Jesús
Dichosos los que tienen misericordia
Cae por segunda vez
Miren lo que hacen con el árbol verde
Cae por tercera vez
Despojado de sus vestiduras
Perdón, Señor, perdón
Padre, perdónalos, no saben lo que hacen
Perdón, Señora, perdón
Jesús es sepultado
¡Ha resucitado!
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