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Santiago Feliú y Frank Fernández.
Hermanas Martí.


   Allá en el año noventa y cinco

   Y por las selvas del Mayarí,
   Una mañana dejé el bohío
   Y a la manigua salió un mambí.

   Una cubana que era mi encanto,
   Y a quien la noche llorando vio,
   Al otro día con su caballo
   Buscó mis huellas y me siguió.

   Aquella niña de faz trigueña,
   De ojos más negros que la maldad,
   Unió su fuego a mi fiereza,
   Y dio su vida a la libertad.

   Un día triste cayó a mi lado;
   Su hermoso pecho sangrando vi,
   Y desde entonces fue más ardiente,
   Cuba adorada, mi amor por ti.

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