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Agua que cae del cielo

Agua que cae del cielo

Sólo lluvia, tristeza y dolor… Tal fue la tarde de este 1ro de septiembre en Camagüey. Solo, caminando por las calles, mirando la tristeza de esa lluvia… anduvimos muchos: es que la tristeza ha sido el sentimiento dominante en los últimos días, y hoy, justo hoy, ha caído un aguacero fenomenal, ¿acaso un llanto burlón?

Preferiríamos pensar que sí, y que esta lluvia va a borrar nuestro desconsuelo, pues a fin de cuentas la música —su música— permanece; por eso nos ha costado muchísimo escribir su página de autor en pasado: ése no es su tiempo, no ya por lo reciente de la noticia, sino por él mismo y por su obra.

De lo mucho que hemos visto hoy en las redes hay dos textos que nos han llamado mucho la atención. Escrito desde la emoción el uno, el de Juan José Hernández, Juanchy, coterráneo y contemporáneo nuestro, parece el clamor de un hijo, y lo es, claro que lo es, pues hay relaciones filiales que trascienden el parentesco. El otro, de Julio César Guanche, retiene y salva ideas de Adalberto Álvarez, referida la primera a “la complejidad de la música popular, de la cultura popular, que no crece por añadirle «complejidad» instrumental, sino por la calidad y la belleza de lo que sabe presentarse con «sencillez» por haber entendido antes, a fondo, la grandeza de su propia complejidad”. La segunda idea nos gusta más; decía Adalberto: “En todos mis conciertos yo miro todo el tiempo a los bailadores. Cuando veo que uno solo tiene dificultad para entender el ritmo de mi música, dirijo la orquesta según lo que voy viendo en ese bailador. Que consiga bailar, entendiendo lo que hago, es uno de mis objetivos. Esta música es para bailar”. A lo que Guanche acota: “(…) siempre tomé esas palabras como una metáfora más grande sobre la democracia: ésta se hace para su bailador, que es el ciudadano. Si éste no «entiende el ritmo», el problema no es del ciudadano sino de la música (el discurso y la práctica) que le ponen. La política tiene que ser un ritmo para poder bailar, ésto es, para poder vivir”.

Tal vez por eso Adalberto nos guste tanto. Tal vez precisamente por eso seguirá alma, vida y corazón, con sentimiento sincero, el Caballero del Son soñándole al mundo entero…


Agua que cae del cielo (Lluvia) – Adalberto Álvarez y su son.
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